La Era del Cerebro

Imagen: Johnson Tsang

El cerebro, actor protagonista del entramado social, es el blanco más preciado en el despliegue de las tácticas saludables. Es a él a quien se apunta para revertir los malos hábitos de una salud abatida por las costumbres cotidianas. La mirada adquiere un enfoque cognitivista. Modificar las costumbres del ser humano es modificar su cerebro. La problemática se agudiza y justamente allí es donde surgen las soluciones.

Las reflexiones de Nikolas Rose abordan la temática proponiendo una historia crítica de la psicología donde identifica un punto de quiebre: las imágenes cerebrales. Gracias al desarrollo de la biotecnología podemos observar como tienen lugar las reacciones químicas en el cerebro. La posibilidad de ser espectadores del funcionamiento del cerebro vivoes fundamental para el desarrollo de las técnicas biopolíticas que actualmente se encuentran en auge. Esto ayuda a ganar legitimidad tanto a las neurociencias como a la farmacología. Las imágenes cerebrales hoy son imprescindibles para comprender el comportamiento humano en clave biomédica. En este contexto se posibilita la emergencia, de lo que Rose denomina el “yo neuroquímico”; un momento en que lo neurológico pasa a estar en función de lo  psicológico. “Lo demuestran las teorías contemporáneas de la plasticidad neuronal, por la que una huella mnémica (espiritual) puede provocar una huella neuronal (material) y viceversa (Ansermet y Magistretti: 2006). La psiquiatrización medicalizadora aboga por un sí mismo neuroquímico que no reduce completamente lo psicológico a lo biológico, porque considera que lo biológico es inmediatamente espiritual.” (Rodriguez, 2017: p.102).

¿Cómo llegamos hasta acá?

En 1960 el biofísico Francis O. Schmitt propone sentar las bases de una nueva ciencia, que de manera transdisciplinaria, explicara todos los mecanismos a través de los cuales funciona el cerebro. Esta disciplina la denomina neurociencias. Desde ese entonces, ellas son las promotoras de un compendio de saberes que explican toda la conducta de los sujetos a partir del funcionamiento neuroquímico del cerebro. Según Rose, durante los primeros 50 años, la neurociencia es comprendida siempre en el ámbito de los laboratorios. Pero esto poco a poco cambia. Con el  tiempo comienzan a surgir un cúmulo de tecnologías químicas que tienen como blanco específico la vida cotidiana de las personas. Prometen aliviar los dolores, molestias y sobre todo aumentar nuestra calidad de vida. Ellas son el augurio de un porvenir disfrutable, feliz y saludable. Si bien este tipo de drogas surgen para utilizarse dentro de neuropsiquiátricos, luego cruzan los muros de los hospitales para instalarse de forma gradual, pero firme, en la rutina diaria de las personas. Las neurociencias traspasan los límites del laboratorio y extienden su rango de alcance: neuromarketing, neurosociología, neuroeconomía, etc. Su aval científico es el  efecto que provocan las sustancias químicas en los neurotransmisores. De a poco naturalizamos las explicaciones reducidas al funcionamiento neuronal. Nos aproximamos así a la Era del Cerebro.

Rose señala que para que las neurociencias puedan ocupar un rol destacado en el tejido social, son necesarias tres instancias claves que permiten el avance de esta disciplina fuera del ámbito estrictamente científico y así ganan terreno en la vida misma:

 “Una de las transformaciones clave fue la conceptualización de la vitali­dad a nivel molecular. Esta nueva escala en la cual se concibe la vida también está dirigida al cerebro: lo que en el libro llamamos la mirada neuromolecular. En segundo lugar, sugiero que una transformación tecnológica clave ha sido el desarrollo de nuevos motores de visualización conectados a la creencia de que ahora podemos observar la mente en acción en el cerebro humano vivo. La tercera transformación clave que le ha permitido a la neurociencia salir del laboratorio hacia el mundo tiene que ver con la idea de plasticidad. Es decir, la concepción de un cerebro plástico modificable que está ligada de un modo fascinante con el ethos de la esperanza que imbuye a la biopolítica contemporánea. Estas transformaciones han provisto las plataformas que le han permitido a lo neuro salir fuera del laboratorio hacia el mundo.” (Rose, 2017: p.25)

A la luz de las concepciones molecularizadas del yo, es fácilmente distinguible como el conocimiento biomédico experto en la salud y las tecnologías de poder conforman nuevos horizontes del “sí mismo”, que se encuentran definidos primordialmente por parámetros neurocientíficos. Se reduce la subjetividad de la persona al funcionamiento cerebral. En este paradigma neuronal se concibe a la enfermedad únicamente como un desequilibrio de las reacciones químicas cerebrales. Esta modalidad de concebir al sujeto es promovida por las neurociencias, que además generan sus propios productos, servicios y tecnologías para restablecer el equilibrio natural de un cerebro sano.

La reconceptualización del sujeto en tanto un “yo neuroquímico” no sólo afecta a la psiquiatría, sino también a todo nuestro entorno social. Los rangos de normalidad y anormalidad se encuentran normativizados de acuerdo a las imágenes que se pueden obtener de nuestra actividad cerebral.

Esta nueva comprensión del yo es un espacio en disputa con otras concepciones. El psicoanálisis es uno de los ejemplos más obvios, donde la cura radica en la palabra. Subyace a este conflicto concepciones encontradas de aquello que se comprende, en el campo de la salud, como el bienestar, la calidad de vida, y lo que implica el ser humano con el complejo entramado que involucra sus conductas, su biología y el plano psicoemocional. Es entonces cuando la biologización incorpora el discurso neo-espiritual. Talleres que promueven “Gimnasia Cerebral” a partir de técnicas de mindfulness, donde lo espiritual es planteado como solución a problemas biológicos.

Las exigencias saludables se vuelven imperativas, tanto moral como emocionalmente. La responsabilidad recae sobre el sujeto, quien es el encargado de administrar su corporalidad para promover su propio bienestar. Es aquí donde entran en juego los “biovalores”, para estimular o conservar su salud y calidad de vida. El sujeto debe constituir su accionar a partir de la información proporcionada por el saber experto y con eso concluir que tipo de terapia preventiva o paliativa va a optar. Contamos con una multiplicidad de tecnologías del yo a las que se puede acudir a la hora de comenzar un tratamiento. Ya sea con una terapia farmacológica o con consejos saludables  para prevenir factores de riesgo y enfermedad avalados por autoridades sanitarias. Se hace cada vez más evidente el vínculo, casi explícito, de las tecnologías de poder con la administración política y económica de la vida misma.

Rose advierte esto y señala que estamos ante una etapa del capitalismo, el neoliberalismo, donde nuestra vida misma se expone como nunca antes a la explotación económica. Estamos en la puerta de entrada de una nueva bioeconomía que no sólo modifica nuestra propia comprensión de nosotros mismos, sino que también  nos ofrece un sinfín de bienes y servicios que podemos adquirir con el fin de intervenirnos, modificarnos, diseñarnos. Las técnicas de gestión y evaluación de subjetividades producidos por el raciocinio neoliberal reclaman a los sujetos que sean ellos los arquitectos de sus propias vidas. Es el nuevo “management del alma”. El neoliberalismo ya no sólo se extiende en políticas gubernamentales,  sino que también atraviesa y administra los dispositivos productores de subjetividades.

Bibliografía

ROSE NIKOLAS. (1996). Inventig our selves. Psychology, power and personhood. Cambridge: Cambridge University Press.                             ROSE, NIKOLAS. (1989). Governing the Soul: The Shaping of the Private Self. London: Routledge. ROSE, NIKOLAS. (2012). Políticas de la vida. Biomedicina, poder y subjetividad del Siglo XXI. La Plata: UNIPE, editorial universitaria.

Publicado por Camila De Benedetti

Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Escritora, periodista, ghostwriter / escritora fantasma y creadora de contenido freelance. Twitter: @DettiMila Mail: camidb88@gmail.com

9 comentarios sobre “La Era del Cerebro

  1. Una lectura interesante, pero que requiere un poco de esfuerzo ya que mi español es bastante básico. Hace muchos (muchos) años, un estudiante de psicología, sin un enfoque médico, mucho de esto está un poco por encima de mi comprensión. Muy bien hecho. Gracias.

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