PREVENCIÓN, AUTOAYUDA Y NEUROCIENCIAS: ¿IMPLEMENTACIÓN DE UNA POLÍTICA DE ESTADO?

Imagen: @johnson_tsang_artist

Los discursos estatales para promover los hábitos saludables se encuentran arraigados a un discurso positivo e imperativo impregnado de imágenes alegres, de donde se desprenden un sinfín de obligaciones que tenemos que cumplir para aumentar nuestro bienestar. Las consignas de la prevención saludable que nos plantean las autoridades estatales biomédicas contemporáneas guardan amplias semejanzas con la modalidad de comunicación que se evidencian en los relatos y prácticas de la autoayuda. Vanina Papalini en “Recetas para sobrevivir a las exigencias del neocapitalismo” advierte: “la autoayuda es una clave fundamental para un sistema social y laboral que reposa en la capacidad de resiliencia de los sujetos y su readecuación a sus cambiantes exigencias.” (Papalini, 2013: p. 166). La autora nos invita a repensar el fenómeno de la autoayuda como un proceso transnacional que encuentra su punto de fuerza en el desarrollo del capitalismo global. Recoge relatos de antaño con el objeto de reconstruir la historia de un fenómeno social en plena vigencia.

De acuerdo a la genealogía descripta por Papalini, el nacimiento de la literatura autoayuda se puede fechar entre 1930 y 1950 de la mano de Dale Carnegie autor de “Como ganar amigos e influir en las personas” (1936) y  Napoleon Hill, escritor de “La ley del éxito” (1928) y “Piense y hágase rico” (1937). Libros que tienen como propósito guiar y dar instrucciones precisas a sus lectores para alcanzar el éxito. La emergencia de este género de literatura, preminentemente conductista, es asociada a la Gran Depresión que se sufría por aquellos años. En otras palabras, este género nace como paliativo a las adversidades económicas de la época.

Décadas más tarde, comienzan a perder vigencia los valores materialistas que alentaban los libros de autoayuda en sus comienzos. En 1955 podemos situar un punto de inflexión de la mano de los movimientos contraculturales de fuerte impronta espiritual. Lo que antes era comprendido en términos de felicidad y asociado estrechamente a valores materiales, adopta nuevos significados. Lo relevante pasa a ser el bienestar interior y la autorrealización. En este contexto, comienza a consolidarse una de las premisas más fuertes en esta literatura que actualmente encuentra justificación en las neurociencias: el pensamiento positivo.

Para 1975 aparece el libro El Tao de la Física de Fritjof Capra, abriendo cada vez más el amplio abanico que abarca esta corriente. Este libro intenta conciliar la corriente espiritual oriental con la física cuántica para convergerlas en técnicas prácticas para mejorar la calidad de vida.

Ya para la década de los 90 presenciamos el giro más icónico en este género. En el auge de la sociedad neoliberal  “se observa un nuevo cambio de paradigma en los discursos sociales circulantes, que refuerza la entronización del individuo.”(Papalini,2013: p.170) Con la premisa “conócete a ti mismo” las librerías se plagan con libros de autoayuda, donde presentan un ideal de la subjetividad a la cual hay que llegar. Con guías y ejercicios prácticos prometen ayudar a sus lectores a alcanzar los ideales de belleza y armonía interior que ellos mismos han diseñado e identificado para todas las personas por igual. La psicología conductista, la afamada reprogramación neurolingüística y el coaching que se expone en estos discursos se presentan como ramificaciones de la biopolítica.

En estos discursos observamos de manera explícita como se modulan los deseos y las creencias y se resalta la importancia de la flexibilidad de los sujetos a la hora de afrontar los cambios constantes de manera ágil y valorando de manera positiva los riesgos y la inestabilidad acorde al escenario que plantean las políticas neoliberales de la actualidad.

En el libro Tus zonas erróneas, Wayne Dyer elabora una guía para combatir las causas de la infelicidad. En su prólogo señala:

“Personalmente creo que una combinación bien equilibrada de trabajo, reflexión, humor y confianza en sí mismo son los ingredientes que se necesitan para vivir una vida eficiente. Yo no creo en las fórmulas fantasiosas o en las excursiones históricas para adentrarse en tu pasado personal y descubrir que el «paso de los pañales al retrete» fue hecho en forma torpe y brusca y que otras personas son las responsables de tu infelicidad.” (Dyer ; 2008; p.14)

Este ejemplo extraído del libro expone la impronta que subyace en los manuales de autoayuda: la responsabilidad de ser feliz recae sobre el accionar de uno mismo.  Para ello Wayne, planta bandera y descalifica con una escueta frase toda la teoría psicoanalítica. A modo de contraargumento enfatiza una de las máximas de la psicología conductista: cada sujeto es responsable de su felicidad sin importar el contexto histórico, geográfico, sociocultural, económico, familiar, ni educativo. Es necesario aislar al sujeto de sus condiciones de vida, lazos familiares y momentos históricos para reducir el éxito personal a sólo una cuestión de actitud y de cambios de comportamiento.  Es difícil ignorar como la narrativa de los decálogos del buen vivir, se ajustan con total comodidad al discurso neoliberal. Dejan de lado el sistema, la economía y las instituciones que regulan y administran la vida de un país, que quedan así completamente libres de culpas respecto a las tragedias cotidianas.

“Apartar la culpa de las instituciones y ponerla en la inadecuación del yo ayuda o bien a desactivar la ira potencialmente perturbadora o bien a refundirla en las pasiones de la autocensura y el desprecio de uno mismo o incluso a recanalizarla hacia la violencia y la tortura contra el propio cuerpo” (Bauman, 2001: p.16).

Estos planteos promueven y reproducen la reformulación del rol del Estado, el mercado y la sociedad en la misma línea que lo hace el neoliberalismo. En estas narrativas y disciplinas, el cerebro se transforma en un bien de mercado que puede ser reconfigurado a medida de las expectativas de cada persona. En la actualidad nace un nuevo nicho de mercado que promete la replanificación de la especie humana. Pero las técnicas enunciadas por los libros de autoayuda sólo son un eslabón más de una larga cadena. La proliferación de la industria biomédica, con promesas del tipo fáusticas que buscan la apropiación y dominio completo tanto del cuerpo humano como de la naturaleza, tienen larga data. Desde hace décadas viene constituyéndose un consolidado frente de conocimientos que pretenden ejercer el control total sobre la vida y superación de las antiguas limitaciones biológicas. (Sibilia,  2005: p.53)

Este escenario pone en juego la lucha por el poder de la representación que configura el imaginario colectivo.  Desde las diferentes disciplinas y en su articulación con el mercado contemporáneo, lo que se propone es la materialización del “sueño largamente añorado: modelar cuerpos y almas” (Sibilia, 2005: p.182). Los libros de autoayuda brindan las herramientas para comenzar el camino del “re–empoderamiento autogestivo” de la vida emocional. Mientras tanto, en el campo de la medicina, el desarrollo y la aplicación de la tecnología se encamina a superar los obstáculos corporales entendidos como limitaciones que restringen la realización del hombre. Unos y otros se complementan y retroalimentan. 

La salud física y emocional son aspectos mensurables de acuerdo a los parámetros de normalidad que fueron desarrollándose a la par de las lógicas de mercado.  Las narrativas de autoayuda refuerzan estos parámetros siendo partícipes constructores de las subjetividades deseadas en sociedades regidas por las fuerzas económicas.

En resumen, a lo largo de la literatura de autoayuda identificamos al menos tres características que se repiten como estandartes de la persona feliz: flexibilidad, adaptación y autogestión de las emociones.  Estos discursos dan la bienvenida a la nueva etapa histórica planteada por Foucault, Deleuze y Rose. La “economización del poder”, característico de la sociedad de control, entonan perfectamente con las subjetividades producidas a medida de un mercado que busca la participación más activa de los sujetos. Rose concibe al sujeto del neoliberalismo como un “yo activamente responsable”, un yo que carga con la responsabilidad de gobernarse así mismo. En este sentido, los libros de autoayuda apelan a la idea del “sujeto activo”, y los lectores de este material se convierten en “responsable de su propia vida” a partir de seguir las recomendaciones de especialistas.

En el mismo sentido, existe una rama de la neurociencia actual que concuerda convenientemente con los gurús del bienestar. En un escenario que conjuga componentes políticos, económicos y neurocientíficos se perfila a la felicidad, la alegría y el bienestar como los nuevos colonizadores de las subjetividades.

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Publicado por Camila De Benedetti

Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Escritora, periodista, ghostwriter / escritora fantasma y creadora de contenido freelance. Twitter: @DettiMila Mail: camidb88@gmail.com

6 comentarios sobre “PREVENCIÓN, AUTOAYUDA Y NEUROCIENCIAS: ¿IMPLEMENTACIÓN DE UNA POLÍTICA DE ESTADO?

  1. I have a chronic mental illness as have many of my family members. Years ago I managed a project for people with severe mental illnesses such as schizophrenia. ‘Self help’ was being encouraged amongst our clients but they really needed a guiding hand from me, a social worker and a psychiatrist. Once all that was achieved (plus a medication regime) then self help and cognitive behavior therapy was useful.
    Your article was really well thought out and written. In my experience, humor and kindness (to oneself as well as others) make life a little easier, even if you do not have a mental illness.

    Le gusta a 1 persona

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