¿DESEO Y PERFORMATIVIDAD: MOTOR DE LA MEDICINA POSMODERNA? SUBJETIVIDAD MAQUÍNICA

Imagen: @federicoclapis

En la actualidad, nos encontramos ante una cultura de vida saludable que se explaya categórica y hegemónicamente en todo el entramado social. El ser saludable se convierte en una obligación, una responsabilidad de la que todo ciudadano debe estar consciente. La ética del fitness, la moral de lo saludable, una lógica que atraviesa desde las prácticas deportivas, tratamientos antiage y la medicina alopática. Hoy lo que se busca es performar a un sujeto proactivo y capaz de superarse a sí mismo. Una mezcla de libertad, autonomía, exigencia y miedo al fracaso es parte de la presión permanente de un clima de época que promueve el “ser uno mismo”.

A la par, se observa un imperativo categórico: si se quiere ser feliz y saludable debemos gozar de una buena calidad de vida. Este parámetro se mide a partir de los dispositivos de rendimiento social. Allí se exacerban las necesidades de mostrar que tan bien, feliz y saludable estamos. Y encuentra su correlato en el mundo de la ciencia, con tecnología y monitoreos constante impartidos por el campo de la medicina. El cuerpo emerge como la síntesis nodal consecuente de la red de vínculos y prácticas con la que nos construimos.

La calidad de vida es cuantificada, cosificada y por lo tanto, también se la puede comprar en el mercado. Debido a esto varios autores hablan de la emergencia de una industria de la felicidad. Una industria que puede ser sostenida por consumidores atravesados por el discurso de la proactividad y autoconstrucción de sí mismos.

El régimen neoliberal también dicta nuestro ritmo corporal. Todo debe ser regido por el mercado, oferta y demanda se ajustan hasta llegar al punto de equilibrio: felicidad, salud, bienestar. Si todo es regido por el mercado, todo es mercancía: cuerpo, espíritu, identidad no quedan fuera de la oferta. La lógica de mercado se extiende hasta traspasar los límites más íntimos, se hace carne en nosotros. Sólo basta con citar las palabras de la ex premier británica Margaret Thatcher, símbolo del neoliberalismo, para comprender el verdadero desafío de esta corriente:   “La economía es el medio, nuestro objetivo es el alma”. El sentido de competencia, que comienza tímidamente al introyectarse en el ámbito de la actividad económica, se expande y atraviesa toda la existencia humana.  Byung Chul Han advierte este nuevo poder y lo nombra: “Psicopolítica”, un poder cuya eficacia se basa en la ilusión del individuo en su propia libertad, en su propio sometimiento.

Los nuevos estándares que imponen el conglomerado de industrias en las sociedades de control, caracterizada por individuos proactivos, autogestivos, controlados, saludables, flexible, dispuestos a asumir riesgo, también traen consigo nuevos malestares. Ser el arquitecto de la propia personalidad para poder tener éxito en todos los aspectos de la vida convoca a una performance interminable y un permanente estado de alerta y rendimiento. Es decir, nunca se abandona la actitud proactiva, y ésta y sus resultados deben ser mostrados, exhibidos ante quienes nos rodean. La única posibilidad de hacer frente a los malestares contemporáneos, efectos secundarios de las exigencias felices, es a través de acentuar nuestra proactividad en la construcción de nosotros mismos: meditación, yoga, coaching, cursos de inteligencia emocional etc. Soluciones al alcance de nuestras manos.

En este sentido, la psicoanalista Suely Rolnik señala: “la característica fundamental del neoliberalismo es instrumentalizar las fuerzas de creación del cognitariado y ya no sólo las fuerzas mecánicas del proletariado. De ahí que se nombre al capitalismo actual como “capitalismo cognitivo” o “cultural-informacional” (Entrevista a Rolnik; 2006). En sintonía con lo que enuncia Mauricio Lazzaratto, el capital financiero no fabrica mercancía, sino que crea mundos. Mundos de signos, publicidad, discursos, cultura de masas. A partir del conglomerado de propagandas e información que destila el poder financiero global, se crean las imágenes del mundo con los que la población se va a identificar y posteriormente desear. Pero, como bien mencionamos antes, la matriz de inteligibilidad social contemporáneo reproduce un imaginario donde la subjetividad debe ir de la mano de una dosis de pensamiento positivo y fuerza de voluntad. Uno sólo depende de uno mismo. Es decir, no se admite la fragilidad o la debilidad del sujeto. Este mecanismo de subjetivación y la consecuente estructura psíquica que se desarrolla tiene como impronta la negación de la fragilidad. Esta característica fundacional del neoliberalismo lleva a que el sujeto legitime y necesite recortar, borrar, eliminar su contorno, su contexto de vida político, social, económico e histórico, ya que es una obligación estar siempre bien, saludable, contento, equilibrado. La angustia, desesperación y frustración son sublimadas. Pero ante el malestar o la depresión, el escenario desplegado por el capitalismo nos promete soluciones inmediatas. La condición siempre es la misma: que el sujeto se comprometa y tome una actitud proactiva. Y la base fundamental de ese compromiso es el consumo de servicios y productos, todos ellos comercializados por la industria de la salud, la felicidad y del Estado.

La propuesta consiste en que a partir de la fuerza de voluntad del sujeto,  este puede reconstruir sus emociones, su estética e incluso incrementar su bienestar entorno a la salud. De esta manera se genera un círculo vicioso, donde tanto la producción como el consumo son generados por el mercado y promovidos por el Estado. Se aúnan en el mismo actor económico, el mercado, la publicidad y las fuerzas gubernamentales, como modelador del deseo y un sinfín de servicios y profesiones que emergen como diseñadores de la instancia física, estética, saludable, emocional, espiritual, etc. Siguiendo con la lógica de Maurizio Lazzaratto podemos afirmar que los mundos que crea el capitalismo contemporáneo residen en prometer un paraíso, un ideal social e individual de bienestar utópico inalcanzable.  Su modus operandi es la promesa de un una vida inalcanzable que termina convirtiéndose en enfermedad. Es justamente la idea de la “vida perfecta” lo que funciona como motor de la subjetividad actual.

Publicado por Camila De Benedetti

Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Escritora, periodista, ghostwriter / escritora fantasma y creadora de contenido freelance. Twitter: @DettiMila Mail: camidb88@gmail.com

10 comentarios sobre “¿DESEO Y PERFORMATIVIDAD: MOTOR DE LA MEDICINA POSMODERNA? SUBJETIVIDAD MAQUÍNICA

  1. Analisi profonda e realistica del contemporaneo. Il grosso problema è che alla lunga gli individui diventano come anestetizzati e non riescono più a esercitare il vero libero arbitrio.
    Ripongo speranza nei giovani, ma mi accorgo come vengono commercializzati anche i loro ideali!
    Grazie di questo post che può aiutare a uscire dal «gioco». 🙋‍♀️

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  2. Análisis profundo y realista de lo contemporáneo. El gran problema es que solo hay una persona que está siendo anestesiada y no está en riesgo, pero no está dispuesta a hacerlo.
    ¡Pongo la esperanza en los jóvenes, pero veo cómo también se comercializan sus ideales!
    Gracias por esta publicación que puede ayudarte a salir del «juego».

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  3. La société actuelle robotise ‘existence de l’homme dans tous ses compartiments, ce qui lui ôte sa personnalité propre. Je considère ça comme un trait majeur de décadence qui marque l’état d’involution allant au retour vers l’animal domestiqué.
    N-L

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