El Futuro Llegó Hace Rato. Reflexiones entorno al Movimiento Virtualista Universitario Argentino

La tecnología del S.XXI arrasó con la matriz territorial del pensamiento moderno. Cuerpo y territorio se complejizan. El principio rector de la modernidad, la presencia física y táctil de la subjetividad moderna, comienza su metamorfosis. Se posibilitaron nuevos cuerpos, nuevas formas de ser y estar. Formatos híbridos del ser. El año paradigmático fue el 2020 con la Pandemia COVID 19. La tecnología no lo dudó y ganó terreno frente a la disposición de la territorialidad confinada (fragmentada) como medida sanitaria.

La virtualidad pinceló nuevos espacios y labores cotidianos. Trámites bancarios, escolaridad a distancia, teletrabajo, zooms, redes sociales, compras virtuales, telemedicina, educación superior virtual, entre otras. Como respuesta (resistencia) a la fragmentación social derivada de las medidas sanitarias (distanciamiento social físico) migramos masivamente hacia la virtualidad de los vínculos. Nos apropiamos de la tecnología con el objetivo de mantener “vivas” nuestras relaciones a través de internet. El privilegio del tacto fue racionalmente rechazado y reinventado. Nuevas posibilidades de experimentar el mundo fueron habilitadas y validadas por los Estados. Desconocidos horizontes sociales fueron accesibles de ser vividos y disfrutados. La virtualidad se naturalizó como una dimensión de nuestra existencia. Pero, la nostalgia del pasado alza las voces disruptivas de quienes buscan volver a la antigua normalidad moderna.

La incertidumbre del desconocimiento, el sentimiento de vacío, la existencia carente de sentido, el deseo y la angustia de castración, fueron (y son), los peores miedos y propulsores del desarrollo integral de la especie humana. La naturaleza del hombre para sobrevivir es (y fue) la tecnología. Las negaciones y desacatos sociales son parte del proceso de bienvenida a nuevas formas de existencia. Cuestionar para integrar. El debate ético tecnológico no es nuevo, pero se torna un protagonista indispensable de las discusiones en torno a las problemáticas sociales aparejadas al covid 19. Frente a las contiendas de la naturaleza, nos refugiamos en el seno maternal de la tecnología. Un espacio de comodidad nos acoge en la pantalla espejo de nuestras redes tecnológicas y nos abre a la oportunidad de las experiencias mediatizadas (¿democratizadas?). Conceptos como lo transnacional y la transdisciplina fueron acogidos desde hace décadas en las comunidades académicas. Debates teóricos que fueron canalizados en prácticas pandémicas de vinculación mediatizada. El miedo a la tecnología se torna en una fobia cuando pensamos nuestras subjetividades encarnadas en cuerpos transhumanizados. Cuerpos y sujetos atravesados por tecnologías evocan al Frankenstein concebido por  Mary Shelley en 1818.

Mientras algunos aclaman volver a la antigua normalidad pre pandemia y niegan futuros que no paran de llegar, otros proponen que nos apropiemos de lo innegable, el gigante monstruo de la tecnología, para usarlo a nuestro favor. Las voces disonantes se hacen oír con interferencias. Los grandes medios de comunicación masiva tradicionales reproducen, prácticamente como única voz válida, aquella que a ellos más satisface: la presencialidad normativa clásica como eje estructural de la sociedad actual. Mientras tanto, las voces del virtualismo, se diseminan por los grandes circuitos que recorren el mundo cibernético desde hace más de 3 décadas: internet. En este contexto, las redes sociales posibilitaron reiterados ámbitos de discusión y reflexión orientados a las prácticas de la presencialidad. Allí se esgrime una disputa sin piedad donde los protagonistas del duelo, virtualidad versus presencialidad, coexisten en un mundo de realidades paralelas. Una de las contiendas de lucha se presentó en la educación superior. A mediados del 2021 se comenzó a debatir sobre la vuelta a la presencialidad en todas las carreras del tramo superior. Ante la ofensiva, comenzaron a emerger las voces virtualistas del futuro ya experimentado durante la pandemia en las universidades. En un escenario social en plena metamorfosis y adaptación, emerge el Manifiesto Virtualista (link) que da comienzo al movimiento homónimo. Ellos proponen romper con el binarismo exclusivo de la presencialidad / virtualidad obligatoria y en su lugar proponen la Tridimensión. Tres propuestas educativas, para tres tipos de estudiantes diferentes:              

  1. Virtualismo total para virtualistas plenos.
  2. Presencialismo total para presencialistas plenos.
  3. Sistema mixto/híbrido/bimodal/anfibio/fluido para los que quieran y puedan alternar entre presencialidad y virtualidad.

En otras palabras, el Movimiento Virtualista se define por reclamar la “empatía” para la inclusión de realidades distintas:

“200 años de la UBA, 2000 para la UVA                                                                                                       La Universidad de Buenos Aires tiene la posibilidad histórica de convertirse en la Universidad Virtual Argentina. Es el objetivo de máxima del Movimiento virtualista. Una universidad para todos los argentinos y los extranjeros que la elijan, de calidad, que siga siendo ejemplo en el mundo, pero no solo ya por la calidad de sus académicos, sino por la calidad de su inclusión.

¿La UBA es gratuita? Podría serlo más. Ir a cursar es gastar dinero. Ya sea en viaje, alimentos o apuntes. Poder optar por no viajar, por comer en casa y por no comprar apuntes en papel reduce los costos de quienes no pueden darse el lujo de incurrir en gastos equivalentes a los de una cuota en una universidad privada.

¿La UBA es nacional? Podría serlo más. Nacional no significa lo mismo que cuando la UBA se fundó. Hoy “nacional” debe ser sinónimo “federal”. ¡Que se pueda acceder a un práctico o a un teórico desde cualquier rincón del planeta! ¿O hay algún motivo para que los que viven más cerca de cierto edificio tengan más facilidades de acceder al conocimiento que se imparte en la universidad pública que aquellos que viven lejos?

¿La UBA es pública? Podría serlo más. ¿En las aulas-cubo entra la humanidad? Bajemos las pretensiones. ¿Entran todos los argentinos que quieran acceder a ese bien público que es el conocimiento que ofrecen nuestras cátedras? Tampoco. La virtualidad ha demostrado que puede hacer llegar ese secreto que guardábamos en un edificio a muchas más personas.” (Manifiesto Virtualista (link).” (Movimientos Virtualista).

Mientras en los televisores se reproducen las exigencias de las antiguas lógicas presenciales como única voz validada, la virtualidad fue el campo fecundo para los debates tecnocratizados. Al abrigo de los grupos de whatsapp se volvió a la presencialidad escolar, todo lo contrario parece estar sucediendo con el estudiantado del tramo superior. Las voces que promueven la presencialidad obligatoria en las aulas de las universidades siguen y probablemente sigan existiendo varios años más. Pero hoy resulta innegable la necesidad de coexistir con el mundo de las posibilidades (accesibilidades) de la virtualidad. En este sentido, los virtualistas proponen hablar del “derecho a la inmovilidad”:

El derecho a la inmovilidad. ¿Cuál es la razón para que el derecho a la educación esté limitado por la obligación al movimiento? ¿Cuál es la razón para justificar que para acceder a un derecho que ya demostró no depender de la presencialidad obligatoria retrógrada el o la estudiante deben someterse a los costos que podría implicar la movilización del cuerpo? ¿Cuánto tiempo de movilidad obligatoria podríamos invertir en movilidad voluntaria? El derecho a la inmovilidad es el derecho del futuro, y debe empezar a ser reclamado desde el movimiento estudiantil, para que el día de mañana sea una lucha de la clase trabajadora por la emancipación y contra la explotación cuando las condiciones para reclamarlo estén dadas. En la educación ya están dadas, ¿qué esperamos?” (Movimiento Virtualista).

Frente a los argumentos tan sólidos como creativos del estudiantado ya no resulta efectivo darle la espalda. Ante el “derecho a la inmovilidad” no faltará quien quiera parodiar el asunto, ¿pero no es este un derecho que venimos reclamando hace tiempo? La posibilidad  de realizar compras, educación, medicina y trabajo online, son posibilidades que vienen emergiendo mucho antes de la pandemia del covid 19 ¿No son ya un triunfo de los derechos a la inmovilidad? ¿El uso de un teléfono celular o de línea, la televisión y la radio, no forman parte del imaginario que sustentan y posibilitan los derechos a la inmovilidad? En otras palabras, ¿no nos encontramos haciendo usufructuo de los derechos a la inmovilidad hace tiempo ya? El miedo paraliza, oscurece, debilita y silencia. Ponerle nombre a una conquista social que viene desarrollándose hace siglos, hoy nos asusta. El derecho a movilizar y disponer de nuestro cuerpo se enarbola  como una de las luchas más progresistas y vanguardistas que se dan en el pueblo. Sumar accesibilidades (virtualidades) es parte del ADN del movimiento, por este motivo ellos rechazan cualquier sistema único, exclusivo y obligatorio de cursada, sea este virtual, presencial o mixto. Su desafío es la inclusión. Ponen fin al binarismo exclusivo de la discusión y en su lugar proponen un sistema tridimensional: presencial, virtual e híbrido.

Fuentes:

MANIFIESTO VIRTUALISTA RADICAL. Chino Segundo Zepeda. https://drive.google.com/drive/u/0/folders/11qUxQseMCI4VdR5woswbecuqSvp_Imtm

EL FIN DE LA COMPULSIVIDAD. Doce Notas al Manifiesto Virtualista Radical para acabar con la universidad del siglo XII. Chino Segundo Zepeda. https://drive.google.com/drive/u/0/folders/16DJYy6sH-D119MYSrDFMUxbCBJ5tOxpi

Instagram, Twitter, Discord: @MVirtualista

Publicado por Camila De Benedetti

Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Escritora, periodista, ghostwriter / escritora fantasma y creadora de contenido freelance. Twitter: @DettiMila Mail: camidb88@gmail.com

4 comentarios sobre “El Futuro Llegó Hace Rato. Reflexiones entorno al Movimiento Virtualista Universitario Argentino

  1. Hay ahora el frenesí de lo inmediato que, como siempre, conviene pasar por un filtro de reposo y reflexión para no tirar el bebé con el agua de la bañera. Por mi parte, quisiera recordar que la «Universidad Abierta» la «Open University» existe desde hace décadas y que, actualizada con la nuevas posibilidades de la tecnología de la comunicación, seguirá existiendo.

    Por otro lado, la relación presencial maestro discípulo, el encuentro mayeútico (socrático), el cuestionamiento directo sin mediaciones «virtuales», no pierde sino que gana relevancia, ante las nuevas posibilidades. Habrá que estar atentos a que lo virtual no se convierta en espejismo, y la necesidad no se confunda con la virtud. El sol y la luz del día siguen ahí.

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