Al lado de ella.

Cuando me desperté de la siesta mamá me estaba mirando con  sus ojos verdes. Yo no me asusté porque ella siempre está con los ojos bien abiertos mirándome, cuando duermo, cuando salto a la soga, siempre. Asique me levanté y la fui a abrazar para que sepa que no me había olvidado de ella cuando dormía. Cerró los párpados y mientras me abrazaba la escuché susurrarme al oído uno, dos, tres, cuatro, cinco y  acto seguido me dijo “hora de jugar”. Mamá siempre hacía eso cuando me abrazaba o me daba besos. Esa tarde, cuando yo estaba en el living de casa jugando con mis muñecos y ella cocinaba, la vi. Se rascaba con el cuchillo el brazo y la panza. Ya la había visto antes, a ella le gustaba mucho jugar con eso. Entonces, yo me puse a armar un castillo como los cuentos que me contaba papá antes de que no me quiera más. Quería que fuera de color rosa y había cortado flores del jardín para ponerle por todos lados. Le grité a mamá que necesitaba broches de soga y sábanas. Ella buscó todo de inmediato y lo dejó a un costado en el piso. Yo agarré las cuatro sillas del living y las puse de manera tal que sean las bases de mi fuerte. Agarré las sábanas, los broches y cuando ya tenía todo listo la escuché que me llamaba desde la cocina. Me acerqué  y me dijo que iba a dormir un rato y si quería ir a acompañarla. Entonces, le tuve que explicar que en un rato iban a venir Mickey, Pepa Pig y Mi Pequeño Pony a tomar el té al fuerte que había armado y que no podía ir con ella. Me respondió que me iba a venir a buscar cuando ya haya terminado de tomar el té y que íbamos a ir a pasear a un lugar muy lindo. Asique ella se fue a su cuarto a descansar antes del paseo y yo me fui al mío a buscar a mis invitados. Cargue a todos en mi triciclo y fuimos al castillo. Todos estaban re contentos y orgullosos de mí porque era muy hermoso mi castillo. Mientras estábamos tomando el té con mis amigos, mamá tocó la puerta de mi nueva construcción y dijo “te llegó una carta” y me dio un papel. Antes de volver a su cuarto me dijo “en un rato nos vamos de paseo” y después, me susurró al oído “uno, dos, tres, cuatro, cinco”. Dejé la carta a un costado y seguí riéndome con Pepa mientras todos tomábamos el té que mi mamá nos había hecho.  Al ratito Mickey me dijo que tenía sueño y le contesté que yo no. Y como ya todos mis invitados se habían ido a dormir, me puse a mirar la carta. La abrí y lo único que pude leer fue “papá”. Toda la carta la había escrito con letra cursiva y yo no me la sabía todavía. Entonces me enojé porque mamá sabe que yo no sé leer cursiva y no sé porque me escribió una carta con esa letra. Dejé el papel y me fui al cuarto de ella. Estaba tirada en la cama con los ojos cerrados y no se movía nada. Le dije bajito “mami” y no me contestó. Me acosté al costado suyo y la miré mientras ella dormía. No se movió. La miré hasta que se me cerraron los ojos. Yo era como invisible, ella no se daba nada de cuenta que estaba ahí. Pero no me dormí, empecé a olerla.  Me quede quietita al lado de ella hasta que las dos, no(s) despertamos.

© 2021. Este trabajo tiene una licencia CC BY-NC-ND 4.0

Publicado por Camila De Benedetti

Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Escritora, periodista, ghostwriter / escritora fantasma y creadora de contenido freelance. Twitter: @DettiMila Mail: camidb88@gmail.com

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